Cero Cero Cero

Sería fatal decir
que el tiempo lo dirá,
el tiempo es mudo
como tus cosas
que no me hablan.

Martha Kornblith

 

Para verte ahora tengo que pedirle a la señora María que me abra la puerta Esperar el timbre empujar empujar nuevamente Estrellarme con el olor de las flores secas Esquivar el mosaico naranja y azul con Jesucristo crucificado en el medio Decir hola Oír mi voz como respuesta Decirme ‘no va a responder’ Secarme las lágrimas con las cartas que te han dejado Agarrarme el pecho para que no empiece a sangrar de un momento a otro Acercarme con miedo (con desesperanza con amor) a ver tu nombre grabado en la placa de metal pegado a la caja de madera Dice que así te llamabas Dice que naciste hace 9 años pero que tienes 8 Dice que siempre tendrás 8 Que no llegaste a tercer grado Que estoy sola desde que te fuiste Que no sé qué hago aquí y tú allá Que no tengo a quien acurrucarme para que me calme con el olor de su pelo Que soy huérfana de padres que se perdieron entre los vericuetos de la muerte Huérfana de hermano Huérfana de hijo Huérfana de mí Dice que cuando se trata de la muerte el tiempo no pasa No llega No grita Ahora soy la llorona eterna de calles extrañas con olor a mar Seeker liar crap Quiero escribir lo que dice tu lápida y recitarlo como poema Quiero entender lo que no hay que entender Quiero que nadie entienda Quiero ser nadie Quiero tu silencio No quiero mis palabras.

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Acerca de Mónica Gómez Vesga

Preguntante.

  1. rh

    Estremecen tus palabras, tu relato, tu recuerdo, emocionan mucho tus emociones. Esas palabras remueven pensamientos íntimos, quizá equivocados, o meras conjeturas sin más fundamento que cualquiera otros pensamientos: por ejemplo, que el llanto o la soledad –claro, siempre hablando de ciertas clases de llanto y de soledad-, no son circunstancias, sino elementos esenciales que un día se instalan en uno y ahí se quedan aun si reímos mucho, si nuestra vida es dominada por sonrisas o si hemos encontrado a la persona o las personas que nos prohíben atribuirnos cualquier relación con el estado de soledad. No estoy de acuerdo con la cita de Kornblith. Y sí lo estoy también. El tiempo no es que no responda, sí lo hace, pero tal vez no a lo que preguntamos, a lo que queremos saber. Con los años (y ya son) aprendí sin quererlo, primero, a mirarme frente a frente y tener que soportar la crudeza de los límites propios y de los propios defectos (¿quién le preguntaba nada?), y también a saber que un día remoto, tal vez un conjunto de días remotos, las lágrimas vinieron y se instalaron en el silencio de dentro, y con ellas, una clase de soledad. Y llegaron luego los resplandores y los brillos de los días, y las personas y cosas que llenaron y llenan el alma. Y adentro también, plenitud, satisfacción, alegría y tantas cosas, junto a ese llanto y soledad incombustibles que nadie podrá entender porque pertenecen a la dimensión de lo incomunicable. Y con el tiempo, ese que te habla de lo que no preguntas, te das cuenta de la amplitud de tu propio paisaje: lo grande, lo pequeño, lo sublime, lo miserable, las miradas perdidas, las sonrisas encontradas, la magnificación de lo que no es presente, la sospecha de lo magnífico que resulta el presente cuando deja de serlo, la vida como un horizonte marino sin límites: algo que lo abarca todo porque en una vida puede caber todo, y llegas a pensar que solo se trata de hacia dónde fijar la mirada, escoger cuáles son las estampas de tu experiencia, de tu tiempo.
    Me quedo pensando: …cero, cero, cero, es lo mismo que todo, todo, todo… silencio es nada y es todas las palabras del mundo, como las palabras mismas lo son todo y no son más que simple y complejo silencio…

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    • Creo firmemente que los comentarios que me dejas son mejores que lo que escribo en primera instancia. No sabes lo mucho que agradezco que te tomes la molestia no solo de leer, sino de dejarme tus impresiones para que las lea a primera hora o de manera improvisada en la calle. Quisiera tener algo más que decir, pero la realidad es otra. Sin embargo, “El llanto o la soledad –claro, siempre hablando de ciertas clases de llanto y de soledad-, no son circunstancias, sino elementos esenciales que un día se instalan en uno y ahí se quedan”. Suscribo.

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