Me parece que era fiesta en Madrid

 

Oye Marijó, nena, ayer te he llamado pero como no me contestabas ni por agua ni por aire he dicho yo oye Loli que me parece que era fiesta en Madrid y por eso la Marijó no ha aparecido.

 Loli, la de contabilidad.

 

Loli dice con el teléfono en la oreja que no le responden los correos ni las llamadas ni los aros de humo que lanza por la ventana de su oficina. Yo le digo que se calme y le cuento:

Anoche soñé que caminaba con

  1. tigo
  2. alguien

y nos deteníamos en una plaza llena de árboles llenos de ramas que a su vez estaban llenas de ratas gordas con ojos grandes y brillantes, rojos de valentía y ganas de saltarnos encima. Yo quise irme inmediatamente, pero

  1. tú me convencías.
  2. alguien me convencía

de que el árbol estaba lleno de ardillas. Intentaba refutar, pero seguía oyendo a lo lejos “…Lo que pasa es que en Barcelona las ardillas tienen la cola más fina, las patas delanteras más pequeñas y una tez grisácea que ahora usan para alejar a los que se sientan en una banca a mirar los árboles desde abajo. Allá duermen y les gusta cuidar las ramas. Son ardillas como las que había en la arboleda del colegio Nuestra Señora de Lourdes. No tengas miedo. Si le das la punta de tu dedo no te vuelven a molestar. No más”.

  1. Tú me abrazabas
  2. Alguien me abrazaba

por encima de la noche y además del abrazo, me pesaba cada pierna como un bloque de hierro fundido vaciado con precisión en las concavidades de mis rodillas. Caminaba como una estatua que después de años en un museo se da cuenta de que poniendo un pie tras otro se puede caminar. Yo, que no sabía que estaba soñando a pesar de que mis pies no tocaban el suelo, fui presa de la repulsión y me alejé de las ardillas catalanas que amenazaban con caer

  1. nos
  2. me

encima. En ninguno de mis desvaríos sobre la muerte dentro de un sueño ha estado morir de asco. Morir de amor, quizá. Morir de obra. Morir de poesía, de literatura, de canciones. Morir de sonidos, morir de vergüenza, morir de tristeza. Morir con las botas puestas porque están a la moda, morir con los pies descalzos para dejar huella. Morir contra el vidrio de un tren para que alguien me recuerde toda la vida. Nunca de asco. Nunca en una plaza de Barcelona con

  1. tigo
  2. alguien

bajo un cielo de roedores. Luego me desperté, Loli, la tos me despertó. Tenía la garganta seca y cuando intentaba decir que no, me salía sangre por la boca y llenaba mi capa blanca de rojo. ¿Que sigue sin contestarte Marijó? Pues te sigo contando yo.

Cuando volví a quedarme dormida, el sueño continuó. Ya no solo había ratas en los árboles, también había gallinas en las alcantarillas, con el pico verde, como lleno de hongos de ducha, y en lugar de ojos tenían dos coágulos que amenazaban con explotar a cada cacareo. Yo seguía caminando con

  1. tigo
  2. alguien

y sostenía una hoja impresa.

  1. Tú estabas
  2. Alguien estaba

contándome una historia de tristeza y yo sin pedirle permiso empecé a leer:

“Los rusos tienen una palabra para describir todo esto, toska, un sentimiento que es muchos sentimientos (y deja en evidencia la insuficiencia del idioma). Nabokov, siendo un traductor obsesionado con la literalidad con la que, decía, se debía traducir a otros idiomas, se lamentó de que no hubiese un término para traducirlo. “Ninguna palabra del inglés traduce todas las facetas de toska. En su sentido más profundo y doloroso, es una sensación de gran angustia espiritual, a menudo sin una causa específica. En el aspecto menos mórbido es un dolor sordo del alma, un anhelo sin nada que anhelar, una añoranza enferma, una vaga inquietud, agonía mental, ansias. En algunos casos podría ser el deseo por algo o por alguien en particular, la nostalgia, una pena de amor. En su nivel más bajo, se reduce al hastío, al aburrimiento”.

Voy a detenerme en un anhelo sin nada que anhelar, una vaga inquietud, ansias. Lo leo en voz alta y siento cómo el entrecejo se me va arrugando progresivamente hasta volverme una persona completamente desconcertada. Pero es eso. Eso que no me atrevo a nombrar porque sé que es dibujar un laberinto en el que todos los caminos llegan al centro. No puedo argumentar ninguna de mis emociones. ¿Eso tiene sentido? A cada por qué respondo que no sé porque es mi única verdad. Ya sé que es más lo que no entiendo. Ya sé. Lo que no quiero, lo que nunca he querido y que de maneras que desconozco se ha incubado como una inquietud latente, es dar a entender que quiero más de lo que está pasando. Que cada abrazo que doy es una bomba que detono. Tú y tu universo son nuevos para mí y mi universo; eres incontenible, inmenso, y tus multitudes son una ola en el horizonte que veo acercarse, y quieta en medio de la mar veo la orilla, resignada a no llegar a tiempo. ¿Qué hago?

  1. Correr hasta tierra firme con el agua, la corriente y las piernas en contra. Lo más probable es que me alcance por la espalda y termine revolcada de cabeza con los oídos tapados, la nariz ardiendo por el agua salada y todos los orificios corporales llenos de arena, o
  2. Puedo esperar a que la ola esté tan cerca como para oírla susurrar sin tocarme, sumergirme hasta tocar fondo y desde allí verla pasar como una nube rabiosa. Si lo hablo es porque la vida se me parece menos a una ola que progresivamente se vuelve atemorizante y más a una bola demoledora que se balancea muy cerca de mi cara. Que aunque no tenga claro lo que quiero exactamente, sé lo que no quiero y de eso tiro. Entonces vamos otra vez: no es una relación lo que creo que necesitamos para aclararnos. Es únicamente aclararnos, irnos desatando los nudos tan rápido como se hagan y para ello tenemos que hablar, te guste o no. Todo lo demás es fiesta en Madrid”.

¿Y eso a qué ha venido, nena? ¿Tienes rollos en casa? Me fascina el tono de voz ingénuo con el que Loli me habla. Me enternece. La siento tan cercana que me hace sentir culpable por no tener qué responderle. -Nada, Loli. No sé de dónde ha salido ni cómo recuerdo cada letra ensamblada en ese discurso que leí, no viendo las palabras sino tocándolas. Cuando volví a levantar la cabeza, estábamos en una playa fría y un perro corría tras una pelota que no dejaba de rebotar, pero que no se alejaba. Yo me quité

  1. tu abrazo
  2. el abrazo de alguien más

y salí corriendo tras la pelota para ayudar a aquel perro perdido a que volviera a casa, pero en cuanto logré agarrarla desperté y me di cuenta de que era yo la que estaba perdida.

Anuncios

Acerca de Mónica Gómez Vesga

Preguntante.

  1. rh

    “Toska”…, me gusta lo que significa. Creo que el lenguaje -de las palabras- es una especie de “aproximación”. Como si se apuntara el trazado de un camino con pequeñas velas cada pocos metros, pero pudiendo ver muy pocas veces con nitidez la forma y delimitación de ese camino. Con ese material construimos. Parece que nos tranquilizan las referencias y las concreciones, los significados precisos, determinadas verdades indiscutibles y ciertas rutinas -¿es nuestra debilidad?-, pero habitamos entre la realidad y los sueños, y la verdad supongo que es consustancial a ambas cosas. Puede que debiéramos estar más educados para términos complejos como “toska”, para lo abstracto, para concebir olas -o series de olas- que se levantan desde muy lejos y vienen hacia nosotros. Para entender -quizá- que la vida es como un cielo que se abre hasta el infinito más allá del horizonte, tomando múltiples formas y semblantes en función de los vientos, las nubes, las tempestades, las calmas y los pájaros.

    Me gusta

  2. rh

    Y me gusta mucho cómo está escrito este “me parece”

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: