Si te recuerdo, te salvo

El tiempo pasa dolorosamente rápido y uno desea a diario que no lo hiciera, sin saber que la verdadera tragedia es que el tiempo se detenga porque cuando lo hace, cuando se permite detenerse, no se detiene para todos. No es que los relojes se congelan como nos congelamos nosotros frente a una llamada inesperada. No. Es que se detiene para cada uno en un lugar distinto y que suceda significa que hay que buscar un ataúd, decidir si será cremación o entierro tradicional, llorar en los hombros de los amigos, encontrar un cura y una iglesia fija para las nueve misas de novenario, imprimir fotos y llorar con ellas, pensar en que de ahora en adelante el trabajo no es querer sino no olvidar. Porque el que recuerda salva y el que salva no deja morir, así el tiempo se haya detenido para siempre, nunca -sin importar el reloj, el día, el lugar-, vuelva a ponerse en marcha, vuelva a descongelarse ese cuerpo frío que yace en el ataúd para caminar y correr y decirme apúrate que vamos a llegar tarde al colegio, Moni.

Hoy es 27 nuevamente. Todos los días es 27.

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Acerca de Mónica Gómez Vesga

Preguntante.

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