Postal #4: Born to be blue

Now I’m drunk and afraid,
wishing the world would go away.

What’s the point of singing songs
If they’ll never even hear you?

Eugene- Sufjan Stevens

Carmen me ataja en la calle para decirme que si no tengo tiempo de sacar al perro a pasear, le deje una llave y ella lo hace con todo el gusto del mundo. Tuve una de la misma raza del tuyo y te digo: mientras estuvo conmigo fue la perra más feliz del mundo. Ay, Carmen, sé que paseas perros porque estás igual de sola que yo, porque tus hijos no te visitan desde que se instalaron en Dublín, que la perrita que te acompañó por más de diez años acaba de morir y mitigas la soledad como presidenta de la escalera de un edificio en el cual no vives. ¿Qué hacemos, Carmen, con todo esto que no podemos dejar a un lado de la carretera? Puedo hacerte un café en tu apartamento monohabitacional y nos oímos mutuamente las historias de este país que ahora compartimos: yo como recién llegada y tú como persona que ha dejado su vida aquí.

Por otro lado, si Carmen no está o no quiere pararse de la cama ese día, uno sale a la calle y las caritas de los turistas rubios de sandalias y bermudas, de idioma irreconocible y ojos arrugados al máximo para poder ver la playa a través del sol, te hacen olvidar que hay una tristeza aquí dentro que empuja con fuerza todos los días para salir a instalarse sin permiso. Lo he visto suceder y sé que no se detiene hasta que lo invade todo: las ganas, los recuerdos, el presente, el amor. Se extraña poco, pero se extraña (a los muertos, a la camadería de la ciudad conocida, al estoy abajo, sal), y a pesar de estar lejos, soñar con volver lo despierta a uno en las mañanas no sabiendo si ese agite es tristeza o miedo. Yo también me pregunto sistemáticamente, a cada minuto: ¿por qué hemos de estar tristes aquí, donde todo está pasando? ¿No era esto lo que queríamos? La calle libre para nosotros, los irlandeses en la plaza preguntando cómo decir how much is it, el italiano que nos ve borrachas a las 4 de la mañana y nos pide un beso con insistencia, ¿no era eso lo que decíamos querer cada vez que nos metíamos al lavadero a fumar y a imaginar un presente mucho más alentador? Sin embargo aquí, con todo eso esperando afuera de esta puerta, reventamos en llanto una mañana antes de poder correr la cortina, preguntando por qué, si no hay nada de qué quejarse, se levanta uno mirando edificios desde los cuales lanzarse. 

Yo tampoco consigo responderme. 

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Acerca de Mónica Gómez Vesga

Preguntante.

Un Comentario

  1. rh

    Un dolor, un suceso, incluso algo que no se puede identificar, y la tristeza se instala dentro, y luego la domesticamos y es tan nosotros como todo lo demás (¿o siempre estuvo ahí?), y es como las nubes oscuras que a veces parece increíble que existan y otras, aparecen de la nada y se instalan un día y otro y otro y parece que traen la lluvia eterna, aunque sabemos que si bien la lluvia no dejará de existir no hay lluvia que sea eterna.
    Pero es igual, lloverá, saldrá el sol, volverá a llover… Y ayer mismo, en las esquinas de una tarde silenciosa buscaba fotografías de una perrita que se fue hace justo ahora dos años.

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