Dos mil cero 

Si yo digo que un ave cae es porque aspiro a lo incorrecto.
Eduardo Padilla.               

Después de evocar lo implícito uno entiende que un árbol seco es una mano abierta que le pide cielo al cielo. Que la boca contiene besos a pesar del grito, a pesar de la palabra que no sale por miedo a quebrar algo en su ruta hacia el abismo. Que el abismo es un estado mental impulsado por lo no dicho donde reposan los labios mordidos, los cuellos morados de tanto amor, la lengua que no encuentra qué lamer en medio de la ausencia y así un montón de cosas que se van acumulando sin querer como se acumula polvo debajo de los muebles, rollos fotográficos sin revelar, canciones favoritas para el colapso de los días de lluvia. Que la lluvia solo es lluvia si cae, como una metáfora misma de la vida. Que intento evitar los estragos de esta mañana lluviosa con la publicidad de ‘Vacaciones familiares en Aruba’ que me llega como spam, donde un diseñador hizo que el sol brillara para mí ahora que no me gusta estar aquí, queriendo escribir lo que no escribo.

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Acerca de Mónica Gómez Vesga

Preguntante.

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