Consejos para ser un náufrago

Para considerar la condición de náufrago como algo inherente, hay que quedarse a ver cómo explotan los salvavidas a lo lejos. Protéjase usted primero y luego, cúbrale el pecho a ella antes de entregarse a la deriva como único camino para llegar a todos lados. Hálela hacia su pecho. No la deje, así ella sea una ola que llega a la orilla a regañadientes, con ganas de encontrar un mundo donde no tenga que seguir llegando. Usted, en cambio, oblíguese a estar. Muéstrele la cercanía si no sabe cómo funciona. No vale la pena hacer caso, dígase eso desde ya. Mejor es descontextualizar cada sombra hasta saber qué queda en la base, qué reposa detrás de tanto aire que sale y entra sin pedir permiso ni explicaciones ni estadísticas sobre la mortalidad infantil. Para estar a salvo respire hasta sentirlo, pero esta condición es un simulacro que usted adopta como propia si quiere. Si no míreme a mí, que soy la luz que se apaga cuando la calle golpea. Ahora es menester mirar al cielo. Buscar habitaciones para arrodillarse sin pena. Desbordarse. Irse sin dejar. Mandar mensajes, correos, aros de humo. No usar las palabras para decir que se extraña; en cambio llorar para escribir sobre el llanto hasta que leerlo sea suficiente para haber llorado. Para considerar la condición de náufrago como algo inherente, hay que quedarse a ver cómo explotan los salvavidas a lo lejos. No confunda nadar con huir. 

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Acerca de Mónica Gómez Vesga

Preguntante.

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