After office: Sofía va al mar

Cuando se empezaba a colar el domingo por la ventana, me llama Sofía para ponerme a pensar sobre las oportunidades desperdiciadas por preferir mi cama en domingos como este. Andrea y su hermano tienen la lancha libre hoy. ¿Quieres venir? Lo oportuno hubiese sido pedirle unos minutos más, llamarla de nuevo cuando me hubiese echado agua en la cara, pero le hice un par de preguntas sin importancia -quiénes más van, a qué hora, ¿tienes monte?- y le dije que sí. Ahora que lo pienso cuando llamé a Virginia y Alicia para invitarlas, esperaba que su negativa me diera un inicio de excusa para cancelar yo también sin hacer mucho estrago, pero ambas accedieron encantadas y cuando me fui a bañar, hacían planes furiosos por el grupo de Whatsapp que habitábamos.

Sofía nos buscó para que entre todas 1. Compráramos el alcohol del día y 2. Llegáramos todas juntas a aprovechar el sol matutino que quedaba. Pero fue la primera la parada más crucial porque minutos antes de llegar, acordamos en el carro que no íbamos a beber mucho así que podíamos llevar lo que fuera como para cumplir. Y fue eso exactamente lo que pedimos cuando llegamos a la ventanilla de la Paragüita. Deme cuatro de Bajo 0 de piña, señor -¿De piña?, me pregunta Andrea. De piña –le digo- para que no sea tan violento el viaje. De piña me los dieron y de piña los llevé hasta la lancha que nos esperaba  en el muelle del club, de donde íbamos a salir mar adentro y a donde se suponía íbamos a llegar a eso de las 6 de la tarde, cuando ya no hubiese sol, ni alcohol, ni pena.

Como es bien sabido, Maracaibo tiene un lago que bien navegado nos estrella con el Mar Caribe, que a su vez nos conecta con el mundo. Nosotros ya lago adentro, nos empezamos a integrar con los demás pasajeros: dos chicos de veintipico, una pelirroja con un lado de la cabeza rapado, Andrea, Pepe y dos señores ya entrados en edad que manejaban. Alguien pidió música y cuando empezó a sonar una reggae en español, empecé a arrepentirme mentalmente. Pudiendo estar en mi casa tranquila, ¿qué coño hago aquí con esta gente? Entonces vimos a Eduardo, a quien le habíamos perdido el rastro desde aquel viaje mágico que hicimos en la vorágine juvenil del 2009. Sofía lo abrazó antes que nadie con un grito que hizo a todos voltear a ver qué pasaba. No recordaba lo hermosa que era su sonrisa, pulcra, como si nunca hubiese sido usada para nada más que para hacer el bien; él se encargó de los termos todo el camino así que fue muy fácil entre canción y canción recordar dónde habían quedado él y Sofía cuando se vieron la última vez. ¿Te acuerdas de la noche de la casa amarilla? Te volviste verga en la sala con tequila. Jajajajajá, sí, qué horrible, pero es que acabábamos de llegar de Nueva York, todo era felicidad. Yo sé, pero tu mamá no entendió eso. Jajajajajá. ¿Te acuerdas? Te tuve que montar en el carro recién bañada y mojada. Jajajajajá. Sí. Jajajajajá. Jajajajajá. 

Mientras Sofía se reía alegremente -qué bonito se ríen mis amigos cuando están genuinamente felices-, yo los miraba desde la punta de la lancha anclada cuidadosamente, grabando cada gesto en mi memoria para recordarlos de ese momento en adelante así como los tenía en frente: vivos, efervescentes. Por eso no me pareció un escándalo verla a ella escalar la baranda y lanzarse en picada al mar abierto; estábamos allí, éramos la verdadera isla feliz bajo ese sol de media tarde que no quema, pero envalentona así que no hice nada, solo la miré como miré a Alicia lanzarse detrás de ella para sacarla del hundimiento absoluto. Sofía no estaba dentro de sí y como tal, no le tenía miedo a la inmensidad del océano, a su peso muerto que no intentó nunca nadar o salir a flote; se hundió sin aspavientos y sin salvavidas, pero no pude reaccionar como debía porque yo también estaba feliz y lo único que veía era a alguien que intentaba ser mar a pesar de los pronósticos.

Minutos antes, Sofía estaba sentada en la última fila de puestos de la lancha junto a Virginia y Eduardo, cuando hizo una pausa repentina al sentirme detrás suyo u me dijo: No recuerdo haber estado tan contenta. Yo brindé por eso con el acto rutinario de levantar el termo que me mantenía el hielo intacto y el trago frío, y la invité a broncearnos  aprovechando que el capitán se había detenido a disfrutar la tarde. Aceptó, pero se quedó atrás llenando su vaso. Mientras caminaba con las toallas al hombro, alcancé a escuchar a alguien advertirle que se estaba sirviendo un trago seco, pero no más. El sol me esperaba, me sentía joven y la libertad de la lejanía me impidieron preocuparme. Cuando Alicia se lanzó detrás de ella a sacarla, se fueron también Eduardo y Pepe, que por un tratamiento con antibióticos era la única persona sobria abordo. Nadie estaba molesto, o al menos la preocupación de un acto inconsciente tan deliberado no dejó campo a ningún reclamo. Sofía estaba viva y vomitando, ¿qué más importaba?

Cuando reaccionó la primera vez, la llevábamos por los brazos hacia su carro, que iba a manejar Virginia por motivos obvios. Los niños de la piscina nos miraban y sus padres, sentado al rededor de una parrilla, comentaban por lo bajo nuestro desgaste. Sofía levantó la mirada, pero no reconoció a nadie y siguió arrastrando los pies como una tortuga cansada que intenta llegar a la meta. No se acordaba de nada sucedido después de las cinco de la tarde, lo único que preguntaba era por qué caminábamos tan rápido. La segunda fue para meterse a la boca un pedazo de pollo frito que encontró en la mesa de centro de la casa de Alicia; seguía sin acordarse de nada, ni siquiera de las dos horas que nos tomó conseguir un domicilio disponible a esa hora. Virginia lavaba los platos en la cocina mientras Sofía, acostada en el sofá, empezaba a pelearle a la resaca para congraciarse con nosotras y con ella misma. Finalmente se puso de pie, se miró al espejo y nos dijo mirándonos el reflejo: Qué gran domingo. Lástima que no me acuerdo de un coño.

Anuncios

Acerca de Mónica Gómez Vesga

Preguntante.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: