Lukimiə #1: Carta a Santiago para cuando vuelva

Tengo tanto miedo. Te escucho reír porque me golpeé el dedo chiquito del pie con la pata de tu camilla y reafirmo en silencio, sin que te des cuenta, que el mundo es un lugar mejor contigo riéndote de él. Fue esa misma risa la que me ayudó a superar mi primer desamor, ¿te acuerdas? Me iba a dormir contigo en las noches a pesar de que me botabas del cuarto cuando me veías entrar. En ese momento me aferré a tu inocencia porque sabía que dentro de ti el dolor carecía de significado, y es a ese punto cero al que me acompañaste entonces a donde no puedo llevarte ahora por más que lo intento.

Papá no ha dejado de llorar, cosa que me desarma tanto como no tenerte aquí porque no recuerdo haberlo visto llorar nunca. No sabes cómo está él por ti: loquito, planeando viajes a Disney, a París, diciéndonos que vas a salir de esto mientras se aferra a un Dios en el que hasta ahora no sabía que creía. No deja de pensar en videollamadas para verte un rato más o emular que estás en casa y le respondes cuando habla, como cuando esto no estaba pasando, como cuando no había necesidad de extenderte puentes para ver si los cruzas de vuelta.

Yo sé que vas a volver, pero vamos, dímelo con esa firmeza con la que me reprendes cuando descubres que te he dicho mentiras. Desde que estás atrapado en esa habitación helada, me he convertido en una sucesión de minutos que pasan para llevarme a verte una vez más y te prometo, te juro, que debajo de este tapabocas que me obligan a ponerme, tengo varios de los besos babosos que odias que te dé.

¿Qué más puedo hacer? Cada día me hago menos preguntas inocuas, menos por qué, cómo o cuándo. Te puedo, eso sí, contar dos o tres cosas sobre la impotencia porque cuando te oigo quejarte o pedirme llorando que no te puyen más, me entran unas ganas absurdas de que algo imposible pase, como que yo en vez de lágrimas tenga rayos láser para ir matando todo lo que por dentro no te deja libre. O quizá fugarnos en un globo a ver el mundo, qué sé yo. Lo que sea menos este dejémoselo a dios, agarrémonos de  él.

Pero no puedo siquiera saber si la pastilla que te doy te va a hacer bien o te vas a despertar en mitad de la noche vomitando. No sé del dolor lo que sabes tú, pero intento escribirlo para que cuando vuelvas pueda probarte que estuve contigo más allá de las dos horas de visita.  A veces me escondo en el baño de tu habitación a regañarme frente al espejo por estar llorando de nuevo,  culpable por ser más débil que tú cuando se supone que soy yo quien debe protegerte. Pero ya te dije que no te va a pasar nada y si tú me crees, yo me creo también.

Por ahora mantente latente. Te quiero.

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Acerca de Mónica Gómez Vesga

Preguntante.

Un Comentario

  1. No existe nada mas cierto que este amor que traspasa la pantala de mi telefono y me llena los ojos de lAgrimas.
    Yo quisiera decirte algo mejor, pero ya lo sabes.
    Desde la distancia que nunca serA distancia te digo que esa sonrisa que nos enamora del El estarA ahI siempre.
    Dile que lo amo.

    Me gusta

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