Te extraño, puto

.

cómo no quieres que tenga cómo no quiere que tenga tantas ganas de volver.

Me veo en 38 años exactos. El futuro no es como lo planeaba, pero tengo la certeza de que trabajé arduamente para evitar el despecho que cargo entre pecho y espalda, por eso lloro con la amargura del fracaso. Desde esa silla que me mantiene pienso que uno mismo es a veces muchos uno mismos que se van quedando en los lugares que marcaron el camino, que no se puede huir de ningún uno mismo por más lejos o descuidado que esté, que hay uno mismos que duelen más que otros, como los que se dejan en la primera visita familiar al río o la última noche en el llano.

Estoy en la barra de la cocina. Sé que es de noche por la luz de la farola que entra por el balcón y las medias que tengo puestas para protegerme los pies del frío. Hay una botella de vino abierta, una copa a la mitad y una computadora con música. Mis brazos soportan el peso de mi cuerpo sobre el mármol. Creo que estoy sola porque nadie se acerca ni hay mayor movimiento en el cuadro; tampoco hay mascotas. He vuelto a alcohol, eso es seguro. No hay libros, no hay discos. No alcanzo a verme más allá de mí junto a mis vicios reducidos a la soledad de tener 60 años y estar tomando vino en la cocina. Estamos ellos, la luz de afuera, la ventana abierta, la ciudad que hay detrás de la cortina.

Canto la canción que canto porque me lleva al día en que me di cuenta de que la vida había pasado, que el país que me aguantaba no iba a volver, como sabía en ese  entonces que no iban a volver tantas cosas en mi vida. Vuelvo a verme cantando, intercalando los tragos con las lágrimas en una rutina íntima como las cosas que me rodean, tocándome el pecho quién sabe si por la oscuridad de alrededor o porque no puedo escapar de esta añoranza. Te extraño, maldito país, ahora y entonces. Ahora y cuando suena un cuatro aislado entre tanta electrónica. Ahora y siempre que necesito refugio. Ahora y cuando mi memoria quiere lamer el mar. Ahora y cuando no quiero. Ahora y ahora y ahora porque la única manera de no extrañar es no haber querido.

Y en eso ya estoy jodida.

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Acerca de Mónica Gómez Vesga

Preguntante.

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